Eclipse's profileLa Maja BoterianaPhotosBlogListsMore Tools Help

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    December 26

    Solos

    luz

    Una luz tenue,

    un instante acojedor

    roza el cielo de puntillas

    abrigando sus deseos 

     guía su paso el reflejo

    del frenesí y ardor.

    December 09

    Lilith

     

    De agua y arcilla modelada.

    diabólicamente poderosa

    Oculta e ignorada por indeseada

    Trató de ser igual a aquél,

    que como ella,

    Nació del barro moldeado.

    Y fue ignorada y desahuciada.

    Sensual dama de la noche

    Con malévola libertad y belleza

    la mujer que te enloquecerá

    está en ti mismo y tu represión.

    Es tu ausencia, tu negación

    Tu laberinto, tu agujero negro

    No la percibes aún,

    puede ser algún día tu consejera

    Es Lilith, la luna negra

    donde anidan los tormentos eternos

    Donde la sed y el hambre

    nunca están saciados

    Donde la luz se oscurece

    y te clava el puñal de la soledad

     

    lilith

     

    December 08

    Nota al margen

     
    Por un tiempo soñó con sus ojos abiertos. Creyó ser la reina del cielo. Movía sus alas para volar y  planear disfrutando de los paisajes. Su tamaño cada vez menor la hacía tan brillante y volátil como la libélula, que resplandecía en la oscuridad de la noche. Sin embargo, la realidad de una metamorfosis la hizo despertar. Descendió y perdió luminosidad. Sus ojos se volvían opacos mientras sus pies  se hundían en la tierra.
    Quizás en ese instante se convirtió en reina de si misma.
      

    fourthlens

    December 03

    Desde entonces, te adoro.

     
    El riachuelo de mi alma supuraba lentamente.
    se confundía con la sangre de mi cuerpo,
    y yo lloraba,
    sintiéndome vencida
    como si quisiera convertir mi llanto
    en un mar de desesperanza.
     Fui la pobre transeúnte de miserias
    caminante impostora en el filo que separa
    la vida de la nada.
     Así llegaste tú
    sin grandes pretensiones de realizar milagros
    pero llegaste a tiempo
    para apagar las llamas del infierno.
    Tan a tiempo,
    que te estoy amando desde entonces.
     Y cuando estoy contigo
    bebiendo el jugo dulce de tu cuerpo,
    absorbo cada gota de ti.
     En una total relajación de mente
    Espero en mi locura
    el sol del otro día,
    reluciente en su silla de amatistas
    para besar mi dicha en tus ojos
    y repetir desde allí cuánto te adoro.
    1601664
    December 01

    Lujiría Sicalíptica

     

    La noche ya estaba cerrada cuando caminaba apresurada calle abajo enfundada en un abrigo oscuro. Quería ser puntual y resultar tan atrayente que le fuese imposible no volver a verla.

     

    Con el taconeo de sus altos zapatos al pisar como única compañía, imaginaba como estaría él. Quizás estuviera tan impaciente como ella, esperándola, sentado en un sillón tomando una copa de vino mientras llegaba, dispuesto a impresionarla, cosa que no le resultaría difícil pues ella había quedado obnubilada desde el instante en que hablaron por primera vez. A medida que se acercaba a la dirección que él le había dado por teléfono hace unas horas, su pulso se aceleraba. Le suponía recién duchado, con un aroma irresistible que ella sospechaba embriagador.

     

    Efectivamente, él estaba tenso. No apartaba la mirada del reloj, escudriñando cada minuto, como si de esa forma consiguiera que el tiempo pasase más deprisa. Pequeñas gotas de sudor asomaron en su frente ante el nerviosismo que le invadía, aunque ella no debería intuirlo. ¿Y si la decepcionaba? No, eso no podía pasar se decía a si mismo en la intimidad del comedor,  y daba pequeños sorbos a su bebida pensando en ella  y en su delicadeza.

     

    Sin poder apartarla ni un instante de su mente, la intuía dispuesta a seducirle. Sabía que vestiría de negro, que era el color acordado; la veía entubada en un precioso vestido ajustado y tan sensual como ella misma, lo que le excitaba poderosamente.

     

    Sumido en sus pensamientos se acariciaba lentamente por encima del pantalón con movimientos suaves y casi imperceptibles que le hacían desearla aún más. Ni siquiera reparó en el ascensor al detenerse en el piso y se sobresaltó al sonar el timbre.  

     

    Recobró la compostura rápidamente, se dirigió descalzo hacia la puerta, no sin antes echar un vistazo a su alrededor comprobando que todo estaba en orden. Perfecto. Abrió y ella entró con la cabeza baja, sin mirarle, intentando hacer el mínimo ruido. Tenía curiosidad por saber cómo sería su aspecto, sus gestos, pero cumplía su palabra. Conocía su voz que, aunque ruda, le resultaba agradable y muy sugestiva y, por el momento, era suficiente. No quería irritarle haciendo algo que le molestase.

     

    La giró de una forma que le pareció algo brusca, para vendar sus ojos, y anudando un pañuelo a la cabeza. Esperaba expectante, hasta que notó su aliento en el cuello al acercarse a su oído y decirle con voz algo ronca:

     

    _"Me gusta ese escote, y el culo redondeado que parece llamarme. Déjame tocarlo y notar tu tanga entre mis manos”._

     

    Apenas terminó de decirlo, metió la mano por la cintura de la falda y tiró del tanga clavándolo en su sexo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir ese extraño dolor placentero que le provocaba una excitación inusitada, a lo que él respondió con un nuevo tirón. No protestó, aunque su respiración era cada vez más agitada y él lo notaba. Estaba segura de ello.

     

    En mitad de aquel pequeño y estrecho pasillo, sujetándola del cabello, recorrió la espalda hasta llegar al glúteo. Lo apretó atrayéndola aún más hacia sí. El placer de tocarla era tan inmenso que no pudo evitar frotarse contra su piel suave y receptiva. Su miembro hinchado latía cobrando vida por momentos y se aplastaba contra ella con furia. Cada vez más excitado jadeaba agitado, metió dos dedos entre sus bragas mojadas, impregnándose de la humedad de su sexo, cerrando cada vez más el círculo de deseo que les envolvía. Los sacó y los paseó por su boca, Ella los recibió ansiosa y los lamió con lascivia, saboreando ese líquido viscoso que, de su interior provenía, pero se detuvo y se separó de ella.

     

    ¿Dónde estaba? ¿Acaso se había ido? Temblando confundida en una mezcla de miedo, vergüenza, placer…, permanecía inmóvil en aquella oscuridad, aunque sabía que si él era paciente la sumiría en un mundo de placer del que ninguno de los dos querría salir.  

     

    Se relajó al notar de nuevo su presencia y cómo hacía que el cristal frío de la copa quemara su piel, renaciendo el incontrolado deseo de que volviera a posarse en ella, deseo que a él no le pasó desapercibido, quien, con violencia, tiró de su blusa arrancando varios botones, hasta dejar al aire su busto redondeado y bien contorneado dentro de un excitante sujetador negro de raso. Aún con la falda puesta, la goma de su tanga por encima de ella y sin medias, como él había querido, la llevó hasta el salón, donde la inquirió que se desnudase lentamente, bailando para él al ritmo la música que acababa de poner.

     

    Disfrutaba observando cómo le obedecía, cómo le ofrecía su cuerpo contoneándose de forma provocativa. No sabía que ya estaba desnudo, y se acercaba a ella para olerla. No lo supo hasta que sin querer la rozó y su miembro erecto la tocó. Volvió a estremecerse y ella al notarlo buscó el roce de su pene pegando su vientre a él. Exaltado mordió sus pezones duros y erectos, desafiantes. Se encogió al notar los dientes y gimió. Abrió su boca por primera vez en toda la noche para gritar y se llevó la mano a su sexo palpitante y húmedo. Le dolía, pero también sentía un placer desconocido que la enloquecía. Él le impedía gritar tapándole la boca con la mano; se excitaba intensamente al ver la forma en que ella oprimía su mano con los labios carnosos, que una y otra vez la recogían en su boca con movimientos envolventes.

     

    Forzó sus hombros hacía abajo hasta que quedó sentada sobre sus rodillas en el suelo. Le abrió la boca con los dedos y se ofreció a ella como un manjar. Iba saborearlo hasta explotar. De pie, delante de ella, disfrutaba sin límites de su lengua húmeda que se paseaba sin prisa. Echaba su cuerpo hacia delante sujetándole la cabeza hasta que la sensación de que rozaba su garganta la hacía volver hacía atrás una y otra vez, mientras él gemía y jadeaba sudoroso al notar como los dientes le arañaban en cada paso que daban haciendo que palpitase y su piel se volviera tan suave que la saliva resbalara por su cuerpo. Casi no podía dominar ya la situación, porque el placer le impedía controlarse. Ella, tan excitada como él, se masajeaba una y otra vez mientras seguía deleitándole con su lengua desde y hacía que se convulsionase.

     

    Una vez más se apartó de ella, pero esta vez, para sentarse en un sillón y recostarse tocándose, sin dejar de disfrutar de la tremenda erección mientras veía cómo ella, aún con los ojos vendados, se masturbaba sin reparo, apretaba sus pechos tirando de ellos hacía adelante y friccionaba su clítoris hinchado por la exaltación. Pretendía ofrecérselo en cada movimiento. 

     

    Sin dejar de acariciarse estiró una de sus piernas hasta alcanzar las de ella. Subió por ellas deslizándose por el interior de sus muslos hasta su sexo. Ella abría sus piernas dejando que los dedos la tocasen y jugasen con su sexo ardiente y tan delirante como ella misma. La inquirió para que se acercara  y siguió subiendo el pie por su vientre hasta llegar al pecho. Sentada frente a él en el suelo, cogió el pie, lo masajeo y se lo lamió pasando su lengua por cada uno de sus dedos. Los gemidos de ambos se hacían cada vez más prolongados y casi exhaustos seguían buscaban con descaro su propio placer.

     

    A punto de estallar en el clímax, se tocaban enardecidos hasta que tiró de ella bruscamente y la levantó de un salto. Apoyándola de cara a la pared, la penetró salvajemente sujetándola por las caderas. Enredó sus dedos en el cabello y tiró de ella hacia atrás con fuerza mientras la empujaba hacia delante en cada una de sus embestidas. Su hembra estaba frenética y él mismo jadeaba enardecido sin control. Ella, echada hacia atrás, le atraía hacía sí agarrando sus glúteos con las manos. La convulsiones sacudían sus cuerpos que se contraían entre gritos y gemidos de placer hasta dejarlos exhaustos.

     

    Tras recobrar el aliento desató el pañuelo y lo dejó caer al suelo mientras echó el cuerpo sobre ella que, fatigado aún, se apoyó en la pared, y con la cara pegada a ella intentaba respirar con normalidad. La abrazó e hizo que se volviera hacía él ahora con más delicadeza. Se miraron con la complicidad de las horas vividas y sonrieron. Ella susurró en su oído palabras de agradecimiento porque se sintió cerca de él y notó como su cuerpo se hizo sólo piel y deseo, y su mente quería satisfacerle.

     

    Al despedirse, él la besó dulcemente. Aún ahora, días después, el recuerdo de ese beso le hace sentir en sus labios el dulce y cálido sabor  de la miel. Le invade el deseo constante de que la llame de nuevo.

    20060703185926-desamor