Eclipse's profileLa Maja BoterianaPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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March 23 Realidad irrealHipnotizada por el vaivén del parabrisas conducía bajo la lluvia… Repentinamente un golpe seco y oscuridad absoluta. Intenté moverme pero era imposible. No sentía nada, mis ojos no se abrían, mis manos no conseguían alcanzar mis piernas, no las notaba. En mi cabeza iban y venían fotogramas oscuros y opacos y mi angustia crecía. No pude verlo. No vi cómo se echaba encima y, aunque intenté esquivarlo, fue tarde… Di un volantazo que no evitó en absoluto la tragedia. El coche derrapó y en unos segundos caía grávido por el acantilado. Tuve miedo. Veía cómo el agua se acercaba a mí, hasta que espantada noté un tremendo golpe que me cortaba la respiración. El dolor era insoportable y tenía pánico. No tengo conciencia del tiempo que transcurrió. Supongo que milésimas de segundos, pero vi cómo se amontonaba mi vida ante los ojos y recordaba mínimos detalles perdidos en mi memoria. Besos y abrazos pasaban ante mí, no sabía si despidiéndose, saludando, queriendo… Y los recordé a todos y los vi recibiendo la noticia…Vi sus caras de incredulidad ante lo que escuchaban, y a Ziro ladrando y dando vueltas atolondrado intuyendo lo que pasaba. Empecé a dejar de sentir esa humedad martirizante en los huesos y el dolor se atenuaba. Sólo quería dormir y no pensar en nada. Era consciente de que si me dormía no podría despertar y lo inacabado así quedaría, pero no intentaba abrir los ojos. Estaba relajada y ya no tenía miedo ni dolor. Mis recuerdos se iban perdiendo, me llenaba de paz y la nada se abría paso ante mí. De pronto una presión inaguantable en el pecho hizo que diera un brinco e intentará sujetar mi corazón desbordado. Pude mover la mano y oír debajo de ella mis propios latidos, llorando ante la contradicción de dormir o despertar. Y desperté. Todo fue una pesadilla, tan real que, acurrucada entre mis sábanas con el cuerpo aún sudoroso y excitado, tengo miedo a dormirme y quedar encerrada de nuevo en mi propio sueño.
March 10 Tiempo muerto de desatino![]() La conversación tenía un encanto indescriptible aunque se hacía tarde ya. La hora de la madrugada era avanzada y Sonia dijo: -He de ir despidiéndome que es muy tarde ya, a pesar de que no movería ni un músculo de este asiento. -Yo también me voy- dijo Paco- pensaré que vamos los dos juntos, pero no dudes que te llevo conmigo para soñar con las ilusiones que nos embargan... Y tras sentir el clic del cierre de la ventanita, me quedé inmóvil, contemplando en la pantalla sus ojos azules tan penetrantes, que tenía la impresión de que estaba allí mismo, delante mía. Aún sentía el calor en mi piel y eso que no había tocado ni un solo milímetro de ella, aunque había conseguido aflorar en mis sensaciones que todavía me embargaban. Seguí allí sentada apretando mis piernas y mis brazos a modo de abrazo, recordando cada susurro escrito y cada movimiento que había sentido a través de la ventana abierta, que hizo que estuviésemos juntos en esa ficción tan real, en la que cada que cada uno intentaba sacar del otro el máximo de las sensaciones encerradas, y yo mantenía intactas las palpitaciones contraídas que me habían ido invadiendo y se negaban a abandonarme manteniéndose en aquella nube blanca que se abría paso ante mi y ganaba luminosidad.
Ante mis ojos se fue desvaneciendo su rostro impasible, aunque observador y cobraron fuerza un sin fin de cables de distintos colores que cada vez se hacían más grandes y parecían reptar hacía mi a través de la maraña de la red, cómo si de un batallón de serpientes se tratase, para ir saliendo de la pantalla formando una silueta irreconocible delante mía.
Permanecí estupefacta un tiempo que no sabría precisar viendo como la silueta cobraba vida en la penumbra y se hacia tangible. Vi sus ojos azules de nuevo, y reconocí a Paco ofreciéndome su mano. Alargué la mía, noté su calor, la intensidad de su cuerpo endurecido por la pasión y la fuerza de sus sentimientos. Y sin pensarlo ni un instante más, me deje arropar en su pecho, sintiendo su aroma agridulce, gozando de su piel con olor a cobre y azufre que se mezclaban haciendo que la imagen del monitor viniera a mente. Pero ahora era real, y me abrazaba mientras recorría mi cuerpo con sus manos, despertando de nuevo una ansiedad desbordante por conseguir ilusiones y fantasías sin límites ni cortapisas.
Era mi vicio en ese instante y palpaba cada pliegue notando su palpitar agitado y entrecortado. Me impregnaba del sudor que empezaba a brotar de sus poros intentando empaparme y me pegaba a él esperando sus caricias con ansiedad, a lo que él respondía, y mezclábamos su aspiración fuerte del aire con mis suspiros cada vez más profundos y agitados, envolviéndonos en la lascivia más absoluta.
Detenidos en el tiempo con la noción del presente perdida, forcejeábamos sumidos en esa excitación descabellada por dar y tener placer. Nuestros movimientos enardecidos buscaban el éxtasis. Destellos de luz iban y venían atravesando mis párpados llenando de luminosidad mis ojos, y en ese empeño que se propone encontrar el anhelado deleite me invadían sensaciones extrañas. La luz se intensificó y un murmullo sordo y lejano me invadía y no me dejaba disfrutar de ese paraíso de ensueño. Aquellos destellos intermitentes seguidos de ese extraño sonido cada vez más cercano y fuerte asaltaban toda la habitación.
El sonido se convirtió en un ruido ensordecedor que me hizo sentir pánico y abrí los ojos sobresaltada. Paco se desvaneció ante mi atonitita mirada penetrando por la pantalla cómo una exhalación convirtiéndose en un pequeño punto negro que desapareció sin dejar ni rastro. Solté la pantalla inerte que tenía abrazada sin dar crédito a la mala pasada que mi propio subconsciente me había jugado. Apagué el despertador que incansable sonaba y me dirigí a la ducha sopesando si en realidad, lo ocurrido, había sido una mala pasada o todo lo contrario…
March 02 Contigo¿Y tú me lo preguntas? ¿Tú que formas parte de cada uno de esos momentos inexplicables que te embelesan y te trasladan en el tiempo hasta perder la conciencia? ¿Tú que haces que un solo roce erice mi piel e intente ceñirse a la tuya enguantando entre sudores y aromas la carne estremecida hasta los límites de nuestro propio contorno. Cómo explicar qué es hacer el amor, salvo sintiendo, sintiendo, sintiendo… contigo. Cómo expresar en estas líneas inertes ese mar de sentimientos que se entremezclan como grandes descargas de luz y pasión, haciendo que hasta el más mínimo músculo vibre ávido de sensaciones, embargándote en un embrujo que te enreda suavemente en sus rítmicas oleadas de sangre ardiente, y bulle deseando mantenerse dentro hasta llegar a tus entrañas, y desencadenar una secuencia inacabable de jadeos y gemidos de gozo que se reflejan en tus ojos, que se manifiestan en los movimientos ansiosos que convierten cada caricia en algo nuevo, algo que parece inexplorado y te hace tener la generosidad más exagerada y a la vez el egoísmo más absoluto, deseando dar y tener al mismo tiempo. Cómo decir con palabras que estás enjaulado en esa cárcel de placer en la que, la unidad perfecta te aprisiona con furia, y lejos de intentar huir, te adentras hasta los más recónditos rincones buscando renacer ese instante tan intenso en el que afloran los deseos más profundos y se descolocan todos los sentidos, nublando hasta los recuerdos, olvidando los perjuicios más arraigados para dar paso a ese torbellino de sensaciones que se abren a la lascivia y a la lujuria sin límites para encontrar y disfrutar de las ansias incontroladas que nos funde en un solo ser. Y en esos soplos de aire yo sé, tú sabes, ambos sabemos que triste aquél que no llegue a disfrutar, aunque sólo sea por un instante en su vida de esas explosiones de placer y sentimientos.
March 01 Una noche
Y, surgió el sentir, Dos almas deseando, En noche feliz. Corazones ardiendo.
Te hice sonreir, Ansiando el encuentro, Con ganas de fundir, Las almas y el cuerpo.
Ganas de vivir, De parar el tiempo, Tratando de huir, Del amargo tedio.
Las alas en lid, En tan duro duelo, Sin querer dormir, Disfrutando ensueño.
Volando hasta ti, Rozando lo eterno, Me hacen revivir, Tan dulce recuerdo
February 27 Perdida en tiDespedazando prudencias entre cuerpos desnudos
Saboreo tu piel a mi paso liberando ansias,
Codiciando sabores, deleitándome con aromas
regalados por insinuaciones de roces y piel.
Deshaciéndome entre las yemas de tus dedos
surco el mapa de tu cuerpo escribiendo desvaríos.
Con el roce de mis manos...perturbo a la noche
y pervierto al amor sobornando a la ternura...
desvelando sentidos, acaparando pasión.
Profano tu sentir para convertirlo en obra de arte
pintando deseos anhelados en mi boca jadeante,
dibujando ríos de lava ahogados en las entrañas
que bullen irremediablemente en la agitación
y entre tus piernas, perdida en ti, dentro...
tengo miedo a terminarte. December 26 SolosDecember 09 Lilith
De agua y arcilla modelada. diabólicamente poderosa Oculta e ignorada por indeseada Trató de ser igual a aquél, que como ella, Nació del barro moldeado. Y fue ignorada y desahuciada. Sensual dama de la noche Con malévola libertad y belleza la mujer que te enloquecerá está en ti mismo y tu represión. Es tu ausencia, tu negación Tu laberinto, tu agujero negro No la percibes aún, puede ser algún día tu consejera Es Lilith, la luna negra donde anidan los tormentos eternos Donde la sed y el hambre nunca están saciados Donde la luz se oscurece y te clava el puñal de la soledad
December 08 Nota al margenPor un tiempo soñó con sus ojos abiertos. Creyó ser la reina del cielo. Movía sus alas para volar y planear disfrutando de los paisajes. Su tamaño cada vez menor la hacía tan brillante y volátil como la libélula, que resplandecía en la oscuridad de la noche. Sin embargo, la realidad de una metamorfosis la hizo despertar. Descendió y perdió luminosidad. Sus ojos se volvían opacos mientras sus pies se hundían en la tierra.
Quizás en ese instante se convirtió en reina de si misma.
December 03 Desde entonces, te adoro. El riachuelo de mi alma supuraba lentamente. Fui la pobre transeúnte de miserias Así llegaste tú Y cuando estoy contigo En una total relajación de mente December 01 Lujiría Sicalíptica
La noche ya estaba cerrada cuando caminaba apresurada calle abajo enfundada en un abrigo oscuro. Quería ser puntual y resultar tan atrayente que le fuese imposible no volver a verla.
Con el taconeo de sus altos zapatos al pisar como única compañía, imaginaba como estaría él. Quizás estuviera tan impaciente como ella, esperándola, sentado en un sillón tomando una copa de vino mientras llegaba, dispuesto a impresionarla, cosa que no le resultaría difícil pues ella había quedado obnubilada desde el instante en que hablaron por primera vez. A medida que se acercaba a la dirección que él le había dado por teléfono hace unas horas, su pulso se aceleraba. Le suponía recién duchado, con un aroma irresistible que ella sospechaba embriagador.
Efectivamente, él estaba tenso. No apartaba la mirada del reloj, escudriñando cada minuto, como si de esa forma consiguiera que el tiempo pasase más deprisa. Pequeñas gotas de sudor asomaron en su frente ante el nerviosismo que le invadía, aunque ella no debería intuirlo. ¿Y si la decepcionaba? No, eso no podía pasar se decía a si mismo en la intimidad del comedor, y daba pequeños sorbos a su bebida pensando en ella y en su delicadeza.
Sin poder apartarla ni un instante de su mente, la intuía dispuesta a seducirle. Sabía que vestiría de negro, que era el color acordado; la veía entubada en un precioso vestido ajustado y tan sensual como ella misma, lo que le excitaba poderosamente.
Sumido en sus pensamientos se acariciaba lentamente por encima del pantalón con movimientos suaves y casi imperceptibles que le hacían desearla aún más. Ni siquiera reparó en el ascensor al detenerse en el piso y se sobresaltó al sonar el timbre.
Recobró la compostura rápidamente, se dirigió descalzo hacia la puerta, no sin antes echar un vistazo a su alrededor comprobando que todo estaba en orden. Perfecto. Abrió y ella entró con la cabeza baja, sin mirarle, intentando hacer el mínimo ruido. Tenía curiosidad por saber cómo sería su aspecto, sus gestos, pero cumplía su palabra. Conocía su voz que, aunque ruda, le resultaba agradable y muy sugestiva y, por el momento, era suficiente. No quería irritarle haciendo algo que le molestase.
La giró de una forma que le pareció algo brusca, para vendar sus ojos, y anudando un pañuelo a la cabeza. Esperaba expectante, hasta que notó su aliento en el cuello al acercarse a su oído y decirle con voz algo ronca:
_"Me gusta ese escote, y el culo redondeado que parece llamarme. Déjame tocarlo y notar tu tanga entre mis manos”._
Apenas terminó de decirlo, metió la mano por la cintura de la falda y tiró del tanga clavándolo en su sexo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir ese extraño dolor placentero que le provocaba una excitación inusitada, a lo que él respondió con un nuevo tirón. No protestó, aunque su respiración era cada vez más agitada y él lo notaba. Estaba segura de ello.
En mitad de aquel pequeño y estrecho pasillo, sujetándola del cabello, recorrió la espalda hasta llegar al glúteo. Lo apretó atrayéndola aún más hacia sí. El placer de tocarla era tan inmenso que no pudo evitar frotarse contra su piel suave y receptiva. Su miembro hinchado latía cobrando vida por momentos y se aplastaba contra ella con furia. Cada vez más excitado jadeaba agitado, metió dos dedos entre sus bragas mojadas, impregnándose de la humedad de su sexo, cerrando cada vez más el círculo de deseo que les envolvía. Los sacó y los paseó por su boca, Ella los recibió ansiosa y los lamió con lascivia, saboreando ese líquido viscoso que, de su interior provenía, pero se detuvo y se separó de ella.
¿Dónde estaba? ¿Acaso se había ido? Temblando confundida en una mezcla de miedo, vergüenza, placer…, permanecía inmóvil en aquella oscuridad, aunque sabía que si él era paciente la sumiría en un mundo de placer del que ninguno de los dos querría salir.
Se relajó al notar de nuevo su presencia y cómo hacía que el cristal frío de la copa quemara su piel, renaciendo el incontrolado deseo de que volviera a posarse en ella, deseo que a él no le pasó desapercibido, quien, con violencia, tiró de su blusa arrancando varios botones, hasta dejar al aire su busto redondeado y bien contorneado dentro de un excitante sujetador negro de raso. Aún con la falda puesta, la goma de su tanga por encima de ella y sin medias, como él había querido, la llevó hasta el salón, donde la inquirió que se desnudase lentamente, bailando para él al ritmo la música que acababa de poner.
Disfrutaba observando cómo le obedecía, cómo le ofrecía su cuerpo contoneándose de forma provocativa. No sabía que ya estaba desnudo, y se acercaba a ella para olerla. No lo supo hasta que sin querer la rozó y su miembro erecto la tocó. Volvió a estremecerse y ella al notarlo buscó el roce de su pene pegando su vientre a él. Exaltado mordió sus pezones duros y erectos, desafiantes. Se encogió al notar los dientes y gimió. Abrió su boca por primera vez en toda la noche para gritar y se llevó la mano a su sexo palpitante y húmedo. Le dolía, pero también sentía un placer desconocido que la enloquecía. Él le impedía gritar tapándole la boca con la mano; se excitaba intensamente al ver la forma en que ella oprimía su mano con los labios carnosos, que una y otra vez la recogían en su boca con movimientos envolventes.
Forzó sus hombros hacía abajo hasta que quedó sentada sobre sus rodillas en el suelo. Le abrió la boca con los dedos y se ofreció a ella como un manjar. Iba saborearlo hasta explotar. De pie, delante de ella, disfrutaba sin límites de su lengua húmeda que se paseaba sin prisa. Echaba su cuerpo hacia delante sujetándole la cabeza hasta que la sensación de que rozaba su garganta la hacía volver hacía atrás una y otra vez, mientras él gemía y jadeaba sudoroso al notar como los dientes le arañaban en cada paso que daban haciendo que palpitase y su piel se volviera tan suave que la saliva resbalara por su cuerpo. Casi no podía dominar ya la situación, porque el placer le impedía controlarse. Ella, tan excitada como él, se masajeaba una y otra vez mientras seguía deleitándole con su lengua desde y hacía que se convulsionase.
Una vez más se apartó de ella, pero esta vez, para sentarse en un sillón y recostarse tocándose, sin dejar de disfrutar de la tremenda erección mientras veía cómo ella, aún con los ojos vendados, se masturbaba sin reparo, apretaba sus pechos tirando de ellos hacía adelante y friccionaba su clítoris hinchado por la exaltación. Pretendía ofrecérselo en cada movimiento.
Sin dejar de acariciarse estiró una de sus piernas hasta alcanzar las de ella. Subió por ellas deslizándose por el interior de sus muslos hasta su sexo. Ella abría sus piernas dejando que los dedos la tocasen y jugasen con su sexo ardiente y tan delirante como ella misma. La inquirió para que se acercara y siguió subiendo el pie por su vientre hasta llegar al pecho. Sentada frente a él en el suelo, cogió el pie, lo masajeo y se lo lamió pasando su lengua por cada uno de sus dedos. Los gemidos de ambos se hacían cada vez más prolongados y casi exhaustos seguían buscaban con descaro su propio placer.
A punto de estallar en el clímax, se tocaban enardecidos hasta que tiró de ella bruscamente y la levantó de un salto. Apoyándola de cara a la pared, la penetró salvajemente sujetándola por las caderas. Enredó sus dedos en el cabello y tiró de ella hacia atrás con fuerza mientras la empujaba hacia delante en cada una de sus embestidas. Su hembra estaba frenética y él mismo jadeaba enardecido sin control. Ella, echada hacia atrás, le atraía hacía sí agarrando sus glúteos con las manos. La convulsiones sacudían sus cuerpos que se contraían entre gritos y gemidos de placer hasta dejarlos exhaustos.
Tras recobrar el aliento desató el pañuelo y lo dejó caer al suelo mientras echó el cuerpo sobre ella que, fatigado aún, se apoyó en la pared, y con la cara pegada a ella intentaba respirar con normalidad. La abrazó e hizo que se volviera hacía él ahora con más delicadeza. Se miraron con la complicidad de las horas vividas y sonrieron. Ella susurró en su oído palabras de agradecimiento porque se sintió cerca de él y notó como su cuerpo se hizo sólo piel y deseo, y su mente quería satisfacerle.
Al despedirse, él la besó dulcemente. Aún ahora, días después, el recuerdo de ese beso le hace sentir en sus labios el dulce y cálido sabor de la miel. Le invade el deseo constante de que la llame de nuevo. November 23 El acosador del metroAtónita por lo que acababa de oír, me giré dándole la espalda para que me ayudara a desenganchar la falda. Ahora avergonzada veía las risas disimuladas y muecas de las personas que subían esas escaleras detrás de mí. Repuesta del sofoco, intentaba articular palabras para pedir disculpas y dar las gracias al caballero. Éste, muy cortés me dijo que no me preocupara. Se despidió y se alejó con su cartera colgada al hombro sin volver la vista atrás, aunque ladeaba la cabeza como si quisiera ver por el rabillo del ojo. Le observé parada allí, inmóvil hasta que se perdió por los pasillos asimilando lo que me acababa de contar este desconocido. Parece que a Alberto, que así se llamaba el hombre, se le había atascado el bonometro y al alzar la vista mientras conseguía sacarlo de su bolsillo, su mirada quedó fija en mi silueta que, con un caminar desenfadado, recorría los interminables pasillos del metro enseñándole las piernas y las nalgas que se movían en cada paso, por lo que aceleró el paso para alcanzarme, lo que hizo que al notar su seguimiento dudará de sus buenas intenciones y me asustara realmente. Seguí mi camino vigilando sus movimientos mientras se acercaban a las escaleras automáticas. Ella notaba cómo Alberto clavaba los ojos en la espalda y no los apartaba ni un instante de ella, por lo que su nerviosismo se incrementaba por momentos. Lo que no imaginaba era que él disfrutaba del espectáculo que acababa de ofrecer al poner mi trasero casi en su cara ya que iba cinco o seis escalones por delante. Por fin, poco antes de acabar de subir el tramo de escaleras él tropezó y yo volví la cara y más asustada intentaba acelerar el paso cuando le oí llamarme: Terminé de arreglarme intentando sobreponerme de lo sucedido hacía unos instantes y seguí mi camino hacía la oficina con paso firme y rápido. Era mi primer día de trabajo. No quería ser impuntual. Subí el tramo de escaleras que quedaba hasta salir a la calle pensando en aquel hombre de cara contraída y manos frías y en como tartamudeaba al hablarme. Sonreí mientras me miraba la punta de los zapatos para ver si estaban bien limpios. Miré el reloj para asegurarme de la hora y aceleré el paso. Una vez en la calle eché una ojeada a la nota para saber hacía dónde debía dirigirme me encaminé hacia la oficina, que era en realidad, un piso privado habilitado como despacho de abogados. Llegué con tiempo para desayunar. Entré en una cafetería cercana. Recordaba al hombre de la cartera y en lo avergonzado que se había sentido. Mientras abría mi bolso y hurgaba en él buscando un cigarrillo, pensaba en la excitación que debió sentir cuando me seguía y veía mi contoneo al moverme sin ropa interior, sobre todo, como tuvo que controlarse en el momento en que puse los glúteos a la altura de sus ojos… y reí ante la situación. Me senté en una silla alta en la barra, encendí mi cigarrillo tranquilamente y, después de saludar a Javier, que me devolvió el saludo sin demasiado entusiasmo, pedí un café con leche. Estaba serio. Él me había dado la nota con las direcciones para llegar hasta allí. Me esperaría en la cafetería. Estaba tan seguro de si mismo que no había imaginado ni por un momento que las cosas no fuesen como había pensado, y sin embargo, había visto desde un lugar alejado todo la escena del metro. Extendió su brazo y me pasó un sobre abultado y, aunque enfadado reconoció mi coraje. Lo cogí y ya a carcajadas, le conté todo lo sucedido con aquel pobre hombre que pensó que yo era una indefensa y asustada muchacha que en un despiste, por las prisas se enganchó la falda. Nunca habría imaginado que la ruborizada mujer de cara dulce, que parecía a punto de echarse a llorar, por dentro, estaba satisfecha de su actuación. Había ganado la apuesta. Oí a lo lejos las campanadas de una iglesia cercana que daba las 9. Terminé el café a grandes sorbos, crucé la calle corriendo y subí las escaleras de dos en dos, aunque me costaba mantenerme subida en mis zapatos por el temblor de mi piernas, debido a la carrera y a que, después de todo, era mi primer día de trabajo. Tenía que presentarme al director nada más llegar, ya que iba a ser su nueva secretaria y se estaba haciendo tarde. Por fin, en la puerta de la oficina, llamé al timbre y mientras me abrían la puerta intentaba estirarme la ropa con mis manos para estar impecable. Abrió la puerta una señora de la limpieza, que cortésmente se dirigió a mí y me señaló el despacho de dirección con la mano. Estupefacta me quedé al conocer a mi nuevo jefe, Alberto se llamaba, aunque no hizo falta que se presentase…
November 18 Lo ví en tus ojos
En una tarde soleada de otoño en la que los rayos de sol entraban por la ventana mientras y tú conducías sin apenas mirarme pero con una amplia sonrisa que aventuraba esperanzas... Yo intentaba no hacer notar mi nerviosismo y cruzaba los brazos sobre mi pecho por encima del bolso. Notaba cómo me vigilabas disimuladamente sin apartar la vista de la carretera y yo miraba al frente cómo si no fuese conmigo… En algún momento cuando te miraba de reojo, me guiñabas un ojo, y entonces acompañaba a mi silencio sonriente el destello de nuestros ojos iluminados por de esa complicidad que sin apenas conocernos ya teníamos Instantes efímeros Bailar de lejos no es bailar, November 15 Tres vidas
Decía García Márquez que todos tenemos tres vidas “la pública, la privada y la secreta”, la buena para escribir es la secreta es la secreta, ya que es en la que más cuentan los que escriben según él. Cuando escribimos siempre hay algo de nosotros en la tinta que impregna cada papel usado, pero ¿nos mostramos tal cómo somos o jugamos con las letras amontonándolas reglón tras reglón contando lo que no sientes, siendo lo que no eres, ocultando el lado oscuro para dejar ver solo el bueno? ¿Quizás buscamos la perfección que no tenemos en las páginas inertes que no juzgan, ni opinan? ¿Tenemos tantas vidas como para inventar una nueva hecha a medida?
November 11 Tan vivos como ayer
Hace mucho tiempo que quería escribirte, pero no encontraba la forma de hacerlo. Quizás no sea la más adecuada, pero no importa. No quiero saludarte, solo decirte, gran dama maligna que, ganarás batallas, muchas, que serán grandes derrotas en las que arrastraras a tu paso la vida. No podré evitarlo, pero no olvides que tu triunfo nunca será completo. Mientras mi mente mantenga el recuerdo del más mínimo detalle de aquellos que te llevaste, seguirán vivos de alguna forma y tú, espectro de las tinieblas, tendrás sangre y destrucción, pero nunca te llevarás contigo su presencia en mis días. ¿Sabes? Puedes abrirte paso en tu propia oscuridad, e intransigente arrastrar con tu larga capa negra la vida, dejando a tu paso desolación, tristeza, rabia… y mil sentimientos, a veces inexplicables, pero nunca podrás llevarte mi memoria. Ni la sonrisa burlona que se dibuja en mi cara cada vez que un pensamiento hace que tú pierdas una batalla. Y créeme que por mucho que te esfuerces solo te llevarás la carne, nada más… no conseguirás apartar de mi ni uno de los mil momentos compartidos. No, mientras me quede un mínimo de cordura. No necesito tu guadaña porque nunca mis recuerdos caerán en el olvido. November 03 Crónica de un regodeoMientras leo, o releo, este viejo libro de gastadas tapas de piel, llega a mis oídos la suave música de la estancia, y noto la calidez del fuego en la chimenea y el suave tacto de la bata que me regalaste ayer, esa que me hace sentir cómoda y confortable. Percibo el leve aroma proveniente de la taza humeante, medio llena de ese café cargado y demasiado caliente para tu gusto, que a veces compartimos y que reposa sobre la mesita de té.
Levanto la mirada y tropiezo con una imagen que me hace recordarte en plácido sentimiento de afecto, de ternura y hasta un atisbo de deseo al admirar tu dorso semidesnudo en la playa jugando en la orilla. El retrato me permite ver tu espalda y, más allá, la cálida belleza del mar. Esa parte dorsal de ti, compuesta por la perfecta conjunción de líneas de imposible reproducción, una espalda que se inicia con el final del cuello más robusto y armónicamente torneado jamás contemplado por mis cansados ojos de eterna y curiosa mirona. El sol apenas deja ver tu silueta envuelta en el contraluz de los rayos y hace tu piel más dorada y brillante ¿Qué más puedo decir de tu piel? Es suave, cálida, olorosa… y oscura como el más preciado chocolate. Y como éste, dulce y aromática. Bajo ella late la pasión, la fuerza de un ser deseable. Tu afición al deporte, tus interminables entrenamientos han forjado un potente esqueleto cubierto por una maravillosa red de músculos, tendones y curvas que un excelso escultor podría soñar como modelo inverosímil. Las líneas descienden por tu espalda robusta hasta perderse en la hendidura de tu cintura para dejarme ver tus glúteos firmes, semejantes a dos pelotas casi perfectas de roble oscuro a los que asirme en los instantes de pasión, dos inigualables puntos de apoyo para perseguir sin prisa, pero sin pausa, la cima mística del orgasmo en ti, contigo. En realidad ya no presto atención el retrato, es mi imaginación la que vuela desde hace rato, y busca en tu cuerpo, sitios de encuentros casi prohibidos y ese músculo diseñado meticulosamente para seducir, para provocar deseo sin contemplaciones. Esta mi última reflexión es, sin duda la causa de que el libro, resbale de mi mano, la causa de que mi pulso sereno se altere y te imagine cerca, muy cerca. Por lo que sin moverme, me levanto y me acerco silenciosamente hasta contactar contigo allí dónde no estás pero donde permaneces, al pie de la chimenea, dónde atizas el fuego para mantener el calor de la estancia ajeno al sopor provocado en mí. Rozo levemente tus nalgas que me reciben con afecto y calor una vez salvada la impresión ante lo inesperado. Apoyando ambas manos en tu dorso dejo caer mi cara y hundo mis fosas nasales en tu pelo, cerca del cuello, cerca de tu oído, dejando que llegue hasta él mi aliento latente que deja salir palabras, palabras entrecortadas, palabras suaves que a través de mis labios te demandan con dulzura. Mi cerebro se inunda de su olor, de ese penetrante olor a canela que me hace perder el sentido en esa sensación de bienestar que me subyuga. Sin querer deslizo mis labios, de repente secos, ávidos de su piel, por tu cuello hasta el hueco de la clavícula. Allí permanecería tranquila, pero no inactiva, durante horas, posiblemente. ¿Quién desearía huir de semejante refugio? Yo no, pero las vibraciones de tu cuerpo, hacen que salga de ahí y busque otro punto ubicado justo entre el final del pabellón auricular y el inicio de la mandíbula. Es un diminuto rincón en el que apetece detenerse algún tiempo para que mis labios, mi lengua y mi saliva jueguen y tú disfrutes del momento sin la más mínima replica. Me sorprendo a mi misma ante esta situación en la que tomo la iniciativa. Me aturde ver, cuando recapacito, como hoy se ha perdido entre los dedos mi timidez desmesurada, y ha quedado anulada dejando que mis manos impacientes no esperen relajadas, aparentando indiferencia, sino que se lancen a ti como devoradora de una preciada y valiosa presa. Al empujar mi cuerpo contra tu espalda con leves roces, noto tus palpitaciones y tanto desconcierto como excitación. Mis manos recorren cada surco de tu piel, cada protuberancia preparada para recibirme y te dejas envolver en su magia lujuriosa, entre gemidos y convulsiones siguiendo la danza lenta y minuciosamente pautada, que hace que te yergas como el más alto y duro de los troncos, e intentes con tus movimientos penetrar en ellas, ensamblarte entre mis dedos con la furia de la melodía del desenfreno. Ya no puedes mantenerte inmóvil y apartándome suavemente de ti cambias la posición y pasas a ser tú el que echa su cuerpo sobre mí desde atrás, lo que hace que mi pecho note el calor de las brasas mezclado con el mío y el fuego ávido de pasión se desboque. Mi cuerpo te busca y tú te dejas deslizar por la por la hendidura ligeramente abierta, receptiva, de mis nalgas duras. Cuando despareces en el abismo de mis glúteos, nuestros cuerpos se unen de nuevo en un contacto más cercano, más efusivo. Tus manos, tus manos merecen un capítulo aparte, no sólo su construcción, también por la sabiduría que encierran, por lo que eres capaz de hacer con ellas por mí, por mis inagotables necesidades de atención, de caricias, de sentirlas sobre mi piel, de gozar del delicado contacto con ellas. Pero son las mías de nuevo, las que van hacia atrás, sin girarse, y se colocan sobre ti, sin apretones, sin violencia, aunque te sientes atado, sujeto, unido a mi cuerpo como si te hubiesen soldado a él. Inclino hacia atrás la cabeza dándote la oportunidad de deslizar la boca por mi cuello hacia la parte anterior, llegar a mi barbilla, y buscar mis labios mullidos, almohadillados, dúctiles, sabrosos…hasta que nos vence la impaciencia, el deseo de ir más deprisa. En ese instante, sin pedir permiso y con delicadeza desbrochas la bata, y tras mi desnudez tomas delicadamente mis brazos para pasear tus dedos por ellos hasta hacerme apretar mi cuerpo quedando más aprisionado en él, mientras colocas mis brazos sobre la chimenea. Y así me te fundes en mis labios, aspiras mi perfume y nos embriagamos con el aroma que expelíamos, cada vez más intenso, a medida que la excitación sube y crece el interés en avanzar en nuestras caricias y acceder a lugares cada vez más gustosos. Tiemblo como una yegua a punto de ser montada, con ligeros pero constantes estremecimientos que agitan sus miembros finos y brillantes. Mi garganta cada vez más seca emite sonidos libidinosos e impactantes. Quiero bajar los brazos y volverme para abrazarte pero no me lo permites. No quieres apresurarte y perder placeres que nos podamos provocar. Con la lengua humedecida en saliva construyes una autopista brillante desde la última vértebra cervical hasta el cóccix, profundizando hasta donde mis nalgas te permiten y lames mi cintura. No puedo más, no puedo soportarlo más y me retuerzo. Entre risas y placer me vuelvo ofreciéndome a ti, que estas de cuclillas en ese momento y al llegar a ti mi aroma pierdes tu voluntad, e inesperadamente, acercas tu lengua a la depresión formada por las columnas de mis muslos. Mis manos apoyadas en tu cabeza te hunden en mí soltándote solo en el momento en que el tiempo se para y el conocimiento se nubla. October 19 ....
Me dirijo a usted señor. Sí, a usted que puede que ni siquiera lea este absurdo mar de letras que, sin esperar (esperan) llegar hasta sus ojos en medio de ese vaivén de pensamientos plasmados en el papel.
Debido a la cortés compañía que me ha hecho al acudir a mi humilde morada de vez en cuando y dejar constancia de su paso por ella, he notado que sus hace un tiempo no llama usted a mi puerta. Y no, no piense señor mío que es una queja, al menos no en el amplío sentido de la palabra, es tan sólo la realidad de una añoranza, ya que a pesar de que la vida demuestra una vez tras otra que nadie es imprescindible, que todo queda perdido en el tic tac del tiempo, lo cierto es que puede que sea costumbre, o tal vez apego y cariño, lo que hace que extrañe su lectura al mirar por mi ventana.
Y es por ello querido amigo, que al recorrer con la mirada las paredes vacías, pero impregnadas de cada una de esas letras que sus dedos me dedicaron, me pregunto: ¿Qué pasó? ¿Se aburrió? ¿Le habrá pasado algo?. Posiblemente esté sumido en su rutina diaria y sin más pasen los días…
Sin más que decir, y con la esperanza de seguir compartiendo alguna vez letras con usted, muy señor mío, me despido atentamente,
Pdta: A ese anónimo desconocido que a pesar de no tener cara, ni nombre, ni voz… ha dejado en cada una de sus visitas sensibilidad y ha sabido llenar espacios vacíos en mi morada
October 18 RamasEscúchame, querida amiga. ¿Existe algo más impresionante que un árbol en gravedad cero? Tiende sus ramas a lo largo de cientos de kilómetros hacia el remoto sol, ávido de su luz. Pues sí, lo hay: el patetismo que oculta su gesto. Anhela algo que jamás obtendrá, algo que, de alcanzarlo, significará su fin. Y sin embargo persiste en su intento. ¿Comprendes ahora mi amor por él? September 21 SimplecesMe dolía la cabeza, mucho. Después de un tiempo de emborronamientos y aglomeración de la tinta negra ante mis ojos he intentado solucionar el problema. Ahora llevo gafas para leer. Todo está claro ahora, pero demasiado grande para unos ojos acostumbrados al guiño y distorsión controlada. Será cuestión de costumbre y de tiempo… pero me sigue doliendo la cabeza… |
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